5 cortitos que salían entre serie y serie

En la televisión de los ’90, y especialmente en las cadenas infantiles, entre programa y programa se solían pasar pequeños segmentos separadores como para hacer más amena la espera del próximo programa (en aquellos días no existía YouTube, ni Netflix, ni DirecTV, ¿me entienden?)

1. Hoota & Snoz

Quizá uno de los menos recordados, y muy posiblemente un placer culposo, Hoota & Snoz es uno de esos primeros experimentos en 3D que simplemente no envejeció bien, pero que te lo ponés a mirar y, por algún motivo, querés ver cómo termina cada mini-episodio. Y no es que haya grandes preguntas filosóficas en sus libretos; nada que ver, son apenas dos bichos, uno amarillo y uno púrpura, y la cosa no pasa de slapstick absurdo con el bicho púrpura (Hoota, según la web oficial… y sí, tienen web oficial) recibiendo todos los castigos por intentar hacerse el vivo. Es simple, es tonto, es absurdo y, mal que mal, cumple su rol de entretener gracias a la brevedad de sus episodios.

2. Mr. Go

Muy pocos personajes principales tuvieron el gusto de ser tan moralmente incorrectos como queridos por el público, y Mr. Go era uno de esos casos especiales. Esta animación con personajes de plastilina mostraba, episodio tras episodio, al titular Mr. Go tratando de sacar provecho de forma ilegal de cualquier cosa que pudiese sacar provecho de forma ilegal, siempre advertido por el adorable perrito Bip. De más está decir que los planes de Mr. Go fallaban siempre, y esa era buena parte de la gracia del show. También se destacaba el hecho de que los personajes hablaban en “garabato” (o “simlish”, expresión que se adoptó en la cultura popular luego del éxito del videojuego The Sims), forzando el entendimiento de los argumentos mediante acciones, lo que conseguía romper la barrera del idioma.

3. Calculín

Calculín, un muchacho de lentes y cabello en forma de libro que, segmento tras segmento, educaba a los niños con datos científicos, explicados de forma concisa gracias a un narrador de voz firme y clara, y ayudados visualmente con animaciones simples pero efectivas.

4. Mr. Hipo

Uno no sabe si quedarse con el eterno dolor de cabeza del Chico Migraña o si es mejor optar por el hipo constante del titular Mr. Hipo, protagonista de la adorable animación homónima. Este personaje de origen italiano sufre de hipo desde el vientre materno (no, en serio, aparece en el pegadizo jingle introductorio) y cada episodio gira alrededor del mismo chiste, que es que el Señor Hipo tiene hipo. Y el chiste es que suele mantenerse fresco en ese concepto, ya que, a diferencia del Chico Migraña, Mr. Hipo consigue sacarle provecho a su situación. Un poco de positivismo nunca viene mal.

5. La Puerta del Sótano (The Trap Door)

No sólo contaba con una premisa interesantísima, las vivencias del pobre Berk, fiel servidor de “La Cosa de Arriba”, un ser tan monstruoso que del mismo apenas pudimos ver un ojo, pero cuyos gustos culinarios debía encargarse su criado. La gracia de esta animación en plastilina residía en el objeto que le daba título: la misteriosa puerta del sótano, de cuyas profundidades surgían toda clase de criaturas monstruosas e interesantes. Y si la canción de Cocomiel era pegadiza, la que daba inicio a la Puerta del Sótano era simplemente brillante.

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